Manifiesto

Diez Tesis sobre el Emprendimiento

  1. El impulso emprendedor esta presente en todo ser humano, responde a nuestra naturaleza como tales, de modo que toda persona puede ser emprendedora.
  2. La acción emprendedora no es una capacidad “intelectual” es un “saber hacer” que está encarnada en ciertas práctica sociales que son aprendidas en el mundo real en interacciones recurrentes con otros emprendedores y de las experiencias y fracasos personales.
  3. Emprender no consiste en  manejar información, conocer ciertas técnicas financieras o algunas valiosas disciplinas de gestión.
  4. La capacidad de emprender significa tener ciertas predisposiciones emocionales para enfrentar problemas complejos  y situaciones adversas, implica ciertas sensibilidades para escuchar mas allá de lo que permite lo establecido y mirar nuevas posibilidades.
  5. Emprender implica comprometerse apasionadamente con la solución de determinados problemas, interpretando de una manera distinta un espacio de anomalías y preocupaciones de ciertas comunidades humanas.
  6. La prácticas sociales que generan el “saber hacer” y los hábitos que los emprendedores exhiben, surgen de un espacio social, de un contexto histórico y de un trasfondo cultural que lo dota de sentido.
  7. Si queremos enseñar un “saber hacer” a los emprendedores tenemos que crear los espacios sociales adecuados, nuevos contextos y la nueva narrativa que los dote de un nuevo sentido. Emprender es innovación y cambio social en las diversas escalas culturales donde habitamos las personas en sociedad.
  8. Lo que reconocemos como manifestaciones del carácter y del talento innato de unos emprendedores, son hábitos aprendidos a través de ciertas  prácticas sociales. Las personas se mueven, hablan, piensan y sienten desde estas prácticas prácticas aprendidas como un saber hacer.
  9. Emprender es escuchar atentamente lo que esta pasando en el entorno, escuchar a la gente,  escuchar el cambio y con él las posibilidades de innovación y escuchar el trasfondo histórico.
  10. La capacidad emprendedora no requiere de técnicas duras para diagnosticar situaciones, sino que requiere ciertas sensibilidades para captar los cambios sociales, las prácticas que no funcionan y generan problemas e insatisfacción y para captar las preocupaciones humanas que están presente en una determinada realidad.

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